El pasado domingo 23 de abril un grupillo de 4 hermanos, un bichicuma, un polizón que aspira a ser bichicuma y 2 cautivas, todos muy bien aperados de botellas, garrafas, latas de cerveza, una bebida light llevada por un desubicado tripulante y comestibles varios, nos tomamos por asalto el velero Chonos, buque madre de nuestra Nao, para navegar por las aguas del estrecho. Rápidamente izamos velas y el viento, para llevarnos la contra, amainó produciéndose una cuasi calma chicha. Por cierto, la maniobra de izar el velamen del palo mayor ameritó probar el primer pisco sour de la fría y lluviosa mañana dominical, servido ágilmente por el apestoso y letrado bichicuma. El capitán Kraken aprovechaba los momentos de calma para impartir instrucción de nomenclatura náutica a los improvisados navegantes. Las cautivas cotorreaban y fumaban plácidamente. Tuvimos que hacerle el quite a una barcaza que venía con muy buen andar desde Williams. El radar, por otra parte nos anunciaba la presencia de otro buque, de gran tamaño, navegando por el estrecho para cruzar del Atlántico al Pacífico.
Rápidamente algunos tripulantes abandonamos la fría cubierta para refugiarnos en la acogedora cámara del Chonos y disfrutar las ricas empanadas, acompañadas de una buena pólvora negra. Por supuesto cuando todos estábamos en la cámara, una sorpresiva ráfaga de viento escoró mas de la cuenta el Chonos, y una botella de excelente pólvora negra fue a dar por los suelos causando un triste y angustioso momento entre los presentes.
Escuchamos algunos relatos de naufragios y buques hundidos en diversos puertos. La verdad es que nos quedamos mucho rato bajo cubierta, contando viejos chascarros marineros. Tal es así, que uno de los hermanos contertulios, cínicamente manifestó ¡qué buena ha estado la navegación!, cuando en verdad lo único que hicieron estos facinerosos fue disfrutar de la pólvora negra.
Ya al llegar a puerto nos acercamos a un hermoso velero de dos palos, el Lord Jim, que fondeado en la bahía estaba recuperando energías después de haber zarpado de San Francisco y pronto a emprender un viaje a las costas de Brasil. Al ver la belleza de algunas juveniles tripulantes, el Capitán Kraken no trepidó en invitarlas a la guarida de nuestra Nao, sin identificar propósito alguno. Algo les mostrará a estas sufridas navegantes!
Nos desembarcamos contentos y satisfechos de esta navegación por el estrecho de Magallanes y esperamos repetir prontamente una nueva singladura con muchas orzas (para aprovechar los mejores vientos).
El Escribano